PROPUESTA CENTRAL
La libertad de estar ausente sin perder el derecho a estar presente.
Un representante puede reducir desplazamientos innecesarios, espera u obstáculos administrativos. Pero los edificios no deberían optimizarse silenciosamente para transacciones automatizadas a costa de quienes llegan en persona. La investigación trata ausencia y presencia como condiciones de diseño que deben seguir siendo compatibles.
Q01¿Cómo debería distinguir un edificio a un visitante humano de un representante artificial autorizado?
Q02¿Qué límites espaciales debería poder cruzar un agente y cómo hacer legible esa autoridad?
Q03¿Cuándo mejora el acceso la participación delegada y cuándo vacía una presencia humana con significado?
Q04¿Cómo pueden los edificios permitir la ausencia sin convertir la presencia física en un privilegio?
Q05¿Quién asume la congestión, las verificaciones, la vigilancia y el mantenimiento que genera la comodidad automatizada?
Q06¿Qué espacios deberían resistirse deliberadamente a la actividad de representantes para preservar cuidado, calma, ecología, juego o intimidad?